Batch cooking ¿Es saludable?

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El batch cooking está de moda, pero ¿Es saludable? En este artículo te doy mi opinión basada en varios años de observación.

El poder y la energía de la cocina casera diaria.

Las personas de mi generación aún recordamos el olor de los platos preparados por nuestra madre y abuelas con amor inmenso cada día.  Mi padre nos inculcó que el momento de la comida familiar era sagrado porque era el momento en que todos podíamos coincidir y compartir. Cuando llegábamos a casa después del cole e instituto, íbamos corriendo a la cocina a mirar qué había de comer y también si nos gustaba o si ese día tocaba el plato que ni por asomo nos entraba. Mamá cocinaba cada día comida diferente a base de alimentos frescos y los tomábamos recién hechos. Nada de comida preparada del supermercado. Nada de comida de varios días recalentada. Nada de televisión u ordenador comiendo. Comíamos de todo un poco con bastante verdura, sin productos innecesarios y en casa no había refrescos, ni chucherías ni bollería industrial salvo para ocasiones muy especiales. Mamá hacía bizcocho una vez a la semana y al cole llevábamos fruta o un mini bocata para el recreo.

Y eso que soy de la generación límite. Límite porque ya consumíamos pan, pasta o arroz blancos, demasiado azúcar y lácteos. Aun así, estábamos rebosantes de energía. Nos comíamos también el mundo y la mayoría de mis amigos y yo estábamos en constante movimiento, combinábamos estudios con deporte y fiestas en las que bailábamos durante horas. ¡Qué energía! Estoy segura que los guisos y arroces de mamá ayudaban en mucho a desplegar esta vitalidad que la genética de puchero recién hecho y humeante nos había dotado.

Las dinámicas familiares han cambiado mucho en medio siglo. Ahora las mamás trabajamos fuera de casa y a menos que se establezca un pacto de colaboración mutua en casa, en el que ambas personas de la pareja se turnen para cocinar para la familia (suponiendo que no es familia monoparental), el llevar adelante un trabajo de 40 horas semanales y conciliarlo con los quehaceres de casa, además de la crianza, puede resultar agotador. La industria de la comida basura lo sabe y se aprovecha ofreciendo mil y un platos preparados en lata, congelados o envasados al vacío. La persona agotada recurre a ellos frecuentemente, porque no le apetece cocinar cuando vuelve cansada después de la jornada laboral, o no le queda tiempo material para hacerlo porque hay otras prioridades en casa. Entonces, ¿para qué cocinar si ya lo dan hecho a precio asequible y esto permite apurar al máximo las jornadas?

¿Para qué cocinar?

Existe una gran diferencia entre nutrirnos y alimentarnos.

Si vemos la nutrición en términos de calorías o nutrientes esenciales necesarios, mientras ésta siga la pirámide de lo saludable, casi todo vale. Pero no vale ni es así si vemos la nutrición en términos de energía, y por supuesto también de nutrientes y calorías.

La energía vital primaria de un alimento está más presenta cuando éste es más fresco, integral y recién cocinado. Dependiendo de la técnica de cocción empleada, nos aportará una energía u otra.

Los alimentos frescos, recién recogidos y además ecológicos tienen un valor nutricional superior. Contienen otras cualidades en cuanto al contenido en materia seca, proteínas, minerales, vitaminas, etc. muy superiores a la de alimentos convencionales.

Todos estos aspectos son analizados, documentados y valorados con rigor y precisión por la Dra. Dolores Raigón en este estudio publicado por la Junta de Andalucía.

Si queremos usar nuestra alimentación cotidiana como herramienta para mantener nuestra salud, prevenir enfermedades y potenciar nuestra energía vital, hemos de tener en cuenta otros aspectos además de consumir verdura, fruta y si los alimentos son ecológicos, aunque consumiéndolos ya estaríamos aportando una mayor riqueza en nutrientes a nuestro organismo a la vez que un menor contenido en sustancias tóxicas. Cambiar un alimento pre-cocinado o refinado por otro igual pre-cocinado ecológico no tiene sentido si el estado de salud y vitalidad están débiles. Cambiar un plato preparado de supermercado convencional por un plato preparado de la nevera de la tienda ecológica que lleva tiempo cocinado y envasado es seguir consumiendo comida pobre en energía vital. Recuperar, mantener y potenciar la vitalidad requiere de dedicación diaria a la cocina porque cocinar diariamente aporta energía real, frescura, sensación de estar nutridas. Cocinar es tomar las riendas de nuestra salud y recuperar el poder interior que nos guía a la hora de darnos lo que necesitamos a través de la elección de los alimentos que componen nuestro menú, de la manera en que los vamos a cortar, combinar y cocinar para absorber sus nutrientes y la energía que queremos y necesitamos crear, contribuyendo en nuestro bienestar a través de nuestra cocina. 

¿Qué es el batch cooking?

Actualmente se ha puesto de moda el “batch cooking”: cocina en dos horas tus menús de toda la semana. Justamente lo que muchas personas trabajadoras o poco “cocinillas” estaban ansiando para organizarse más, invertir menos tiempo en la cocina y seguir preparando sus menús a bajo coste. En principio la idea es atractiva y práctica: hacer buenas cantidades de comida, congelarla en tuppers e ir sacando raciones que sólo se tendrán que descongelar con el microondas o recalentar durante la semana. Se pueden llevar al trabajo y tenerlas esperando para cuando se llega a casa muerta de hambre. Evidentemente es una mejor solución que recurrir a platos preparados masivamente por industrias ya que su coste es mucho más económico y además se pueden elaborar al gusto del/de la comensal con ingredientes elegidos por su calidad, como por ejemplo cereales integrales, legumbres, verduras…

Todas las web y revistas populares que difunden alimentación saludable ya tienen su artículo explicando qué es el “batch cooking” también llamado “meal prep”, dando pautas para que salga bien y animando a congelar en porciones cereales integrales, hamburguesas de legumbre, guisos, sopas, cremas e incluso verduras que ayudará a llevar una dieta “equilibrada y sana”. ¡Qué crimen contra las bondades de los alimentos vivos!

El “batch cooking”, más equilibrado y sano que llamar al chino o pedir una pizza es. También es un primer paso para evitar consumir comida procesada y de calidad deficiente. Peroooo…

¿Sabías que la comida congelada y cocinada con microondas debilita el sistema digestivo? Es importante entender que la energía que se confiere a los alimentos a través de la cocción es la energía que alquímicamente va a transformar nuestra condición física y mental.

¿Qué te sugiere algo congelado cuando lo miras?

¿Qué sientes cuando tocas hielo? ¿Qué sensación (vista, olor, sabor) te da un alimento recién hecho? ¿Y qué sensación te da ese mismo alimento acabado de descongelar? Sí, ya sé… una vez que se calienta, cambia la cosa, pero la energía primaria de la cocción-congelado-descongelado-recalentado es la que se absorbe, y aquí hay frío. Mucho frío.

Conocer la energía de los alimentos y de las cocciones es fundamental para regular nuestro organismo. Conocer la condición personal, tener en cuenta nuestra naturaleza y las necesidades de nuestro cuerpo-mente es fundamental para poder alimentarnos conscientemente. Consciencia es llegar a saber lo que crean nuestra alimentación, estilo de vida y pensamientos en nuestro ser y, libremente decidir si queremos eso o no.

¿Eres friolera? ¿Te sientes cansado o bajo de energía? ¿Te sientes estancada en tus proyectos personales o en tu vida?  Si la respuesta es afirmativa, entonces evita consumir congelados hasta que tu organismo vuelva a sentirse vital, hasta que te sientas feliz en pleno invierno, hasta que tu fuego digestivo se estabilice. Y recuerda que los alimentos que producen frío también debilitan los riñones y el sistema genital. Es sumamente importante mantener calentitas nuestras lumbares y bajo vientre para disponer de energía activa, fluida y vitalidad sexual (o creativa, que es lo mismo).

Congelar verduras (extremo yin) que ya enfrían de por sí y además seguir una alimentación vegana o vegetariana basada en el “batch cooking” es hipotecar la salud. Puede que a corto plazo no se note, pero aquí te dejo (aunque no te haya gustado demasiado o te haya desbaratado el feliz plan de dedicar solo dos horas semanales a elaborar tus menús) una información útil para que puedas bien prevenir desajustes o bien corregirlos si ya los sientes.

Y entonces, ¿cómo me organizo para seguir comiendo saludablemente sin enfriar ni debilitar mi organismo?

Lo primero es organizar tus menús y compras para que en tu despensa siempre haya varios cereales integrales, legumbres, diferentes verduras de temporada como cebollas, puerros, zanahorias, nabos, coles, calabaza, verduras verdes, ensaladas, fruta fresca, frutos secos, sésamo y otras semillas, puré de semillas tipo tahin, algas, un buen aceite de oliva virgen extra prensado en frio, galletas de arroz, pan integral de levadura madre hecho artesanalmente, algún condimento como hierbas aromáticas, miso, endulzante natural como melaza, alguna bebida vegetal, tés e infusiones y lo que te apetezca. Los alimentos que se descomponen más rápido son los que tendrás que comprar semanalmente. Ya sabes que la verdura comprada recién cogida dura el triple que la que ha viajado y se mantiene en cámaras.

Y claro, puedes organizarte el domingo por la tarde:

Empieza por cocinar una base de caldo de verduras y cereal cada dos días como mucho. Si te organizas domingo, martes o miércoles no tendrás que estar tanto tiempo y ese día puedes cocinar otra vez cereales rápidos como mijo, sarraceno, pasta, cus-cús y alguna cosa más hasta jueves. ¡Y ya tienes el fin de semana por delante otra vez! ¿Es mucho dedicar cuatro momentos a la semana en los que estaremos una hora y media cocinando? En mi opinión es hasta necesario para centrarnos en lo que realmente importa, en nuestra salud y en la de quienes comparten nuestra vida. Es conectar con lo esencial.

El primer día, separa una porción de cereal integral para el porridge del desayuno, tómalo al medio-día con verduras salteadas, por ejemplo y con lo que sobre, puedes hacer o bien sushis o bien croquetas.

Si te ves muy apurada/o, siempre puedes recurrir a la cocción angélica para los cereales. Esta es una buena forma de tenerlos hechos, y de poder almacenarlos durante varias semanas a temperatura ambiente, con lo cual, no absorben frío.

Cocina una buena cantidad de legumbres y haz conservas. Mira cómo hacerlo en este artículo

Prepara dos patés, una crema para untar que te pueda durar toda la semana (con ajo, alcaparras o aceitunas que se conservan más tiempo), dos aliños para las ensaladas (con mostaza o tamari que también son conservantes), pan Ohsawa para los almuerzos, galletas u otros dulces que se hacen en un “plis plas”…

Congelar muy puntualmente platos que luego se puedan volver a cocinar al menos 20-30mn o en cocciones a altas temperaturas como el horno no es ningún crimen, ni congelar puntualmente. Yo lo evito, pero entiendo que algunas personas lo han de hacer para organizarse. Y también entiendo que hacer lasaña es muy elaborado y si se guardan unas porciones para un consumo posterior, es un buen recurso. Decide tú si esto te conviene o no en función de lo que has leído y sientes.

Cuando la mente está lúcida y el cuerpo vital, organizarse con dirección y pautas claras es muy sencillo porque viene de manera natural y cocinar deja de ser pesado e incluso relaja y aporta felicidad.

© Artículo escrito por Agnès Pérez. Lo puedes compartir desde esta web. Si deseas difundirlo en otra web o revista, ponte en contacto conmigo.
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