El negocio de la alimentación natural

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Según el diario Público, Xavier Cros, responsable del departamento de estudios de Aecoc, la asociación que reúne a los principales fabricantes y distribuidores de España, explicó durante el congreso que ha celebrado en Valencia que un 45% de las personas consultadas tiene decidido comprar productos saludables el próximo año, que el 31% piensa adquirir productos sin azúcar añadido o bajo contenido en este producto y que el 29,9% tiene previsto hacerlo con productos Eco/Bio. De hecho un 44% dice haber consumido alguno de estos productos en el mes anterior. Las razones que exponen es que piensan que «les ayudan a prevenir» enfermedades. Cros destacó también que en casi un tercio de las familias de los consultados hay intolerancias y que en un 10% ya hay algún miembro vegetariano o vegano.

Actualmente estamos asistiendo a un gran aumento de productos que intentan sustituir a la carne procesada y alimentos con altos niveles de grasa y colesterol. sin gluten, veganos o vegetarianos que están abarrotando las estanterías de grandes cadenas de supermercados con nuevas línea que se publicitan como saludables. A modo de ejemplo, tenemos tabulé de verduras, ensalada de legumbres, ensalada de quinoa, espaguettis de calabacín o calabaza, embutidos sin carne, hummus, falafel, hamburguesas vegetales, zumos “recién” exprimidos, galletas y panes sin gluten, pasta de legumbres o integral… alimentos consumidos en gran parte por un público que desea mejorar su alimentación o estado de salud pero sin entrar en el gasto que puede suponer comprar productos certificados como ecológicos.

Muchas personas y familias aún piensan que es más caro comprar alimentos ecológicos o de proximidad porque precisamente en estos mismo supermercados convencionales la diferencia de precio que se aprecia entre el mismo producto certificado como ecológico y convencional es bastante grande. Es el precio de la desinformación. Esta misma semana lo he comprobado de nuevo comprando nabos para un curso. Los pagué a 1’80 euros ecológicos y de proximidad mientras que en el súper estaban a 2’60 euros no ecológicos. Esto me hace pensar que aún existe mucha desinformación sobre dónde comprar, que en la vorágine del día a día, el cansancio y la falta de tiempo personal, la gran mayoría de los y las consumidores/as no tienen el empuje para buscar o crear otros canales de consumo.  Y los grandes supermercados saben esto y también conocen a la perfección que las inquietudes medioambientales crecen en las consciencias y que sus empresas serán premiadas por la fidelidad en el consumo si incorporan en sus estanterías productos con “look” saludable y natural.

Otro motivo por el que la gran mayoría de las personas que quieren mejorar su alimentación o estado de salud siguen comprando engañadas en grandes cadenas de supermercado es el marketing totalmente falto de ética de estas empresas que tienen recursos para invertir en campañas de publicidad y convencer adoptando términos como “bio”, “saludable”, “natural”, recogiendo los frutos de años de concienciación y dedicación por parte de otras personas o empresas desconocidas, locales y entregadas honestamente a la producción de alimentos realmente naturales y ecológicos y a un estilo de vida coherente.

Que no te engañen. Cómo se puede saber si los alimentos son naturales?

Se puede asociar la idea de alimentos naturales a los alimentos de origen vegetal que han sido cultivados ecológicamente o a los animales que se han criado sin ser sometidos a ningún tratamiento para engordarlos y han pastado en un medio natural.

Los alimentos naturales no incluyen bajo ningún concepto alimentos transgénicos o que se han cultivado o criado utilizando químicos, pesticidas, aditivos y otros procesos no saludables que suele emplear la industria agro-alimentaria. Tampoco incluyen el azúcar, que a menudo se encuentra en las conservas o panificaciones supuestamente “naturales”.

Se podría argumentar que los alimentos naturales se hallan expuestos a contaminantes provenientes del medio-ambiente, o que la agricultura ecológica carece de total fiabilidad, o que el agua empleada para el riego de los vegetales puede ser no del todo pura. Y esto, desgraciadamente, puede ser cierto en bastantes casos debido al estado actual del medio-ambiento en nuestro planeta. Pero aún así, la calidad de los alimentos que han sido cultivados sin ningún pesticida ni tratamiento químico y sin ser modificados genéticamente es muy superior a la de los que sí se han cultivado adulterados. Por ello es importante consumir alimentos ecológicos o que han sido cultivados en la propia localidad, y sobretodo conocer el origen de los alimentos que tomamos.

Sobre los alimentos derivados y procesados

Hoy en día, hay un sinfín de alimentos derivados de la proteína animal, de los cereales y otros vegetales que pueblan las estanterías de las tiendas. Algunos ejemplos son las salchichas, los quesos industriales, la mayor parte de los embutidos, los helados… ya que, aunque contienen carne o leche, estos productos son más bien sustitutos de los anteriores altamente procesados y contienen muchos aditivos.

Sucede lo mismo con algunos sustitutos de alimentos vegetales como los derivados de la soja. Ya de por si, debido a las leyes que impiden a los agricultores guardar sus semillas en cada vez más países, es difícil asegurar que la soja no haya sido contaminada por cultivos transgénicos colindantes aunque quienes la cultiven lo hagan en base a técnicas biodinámicas. Si además, la soja se procesa junto a otros ingredientes como el aceite de palma, almidones, levaduras y en ocasiones químicos, los alimentos como las salchichas de tofu, el embutido de soja, las hamburguesas pre-cocinadas, las cremas de soja tipo queso para untar, etc..son productos derivados que no resultan ser alimentos propiamente dichos debido al proceso de refinamiento por el que pasan, siendo muy pobres en nutrientes esenciales para la salud humana y en energía . El problema es que se venden como alimentos “naturales” y si sus ingredientes son biológicos, entonces, pueden parecer sanos en comparación a las salchichas industriales elaboradas con a saber qué partes del cerdo o a los quesos para untar hechos con químicos, pero no lo son en absoluto.

Por ello, sea cual sea el tipo de proteína de las que se compone nuestra dieta, ya sea animal o vegetal, es importante tomarla en su forma “integral” y no adulterada: legumbres, pescado que no sea de acuicultura, y en el caso de que se tome ocasionalmente carne, que sea ecológica, reconociendo la parte del animal a la que pertenece (y tener cuidado con las hamburguesas, salchichas y la carne picada en general).

Sobre el efecto energético y apegos a los alimentos procesados

Ante la aparición de las toneladas de “alimentos” con la etiqueta “natural” o “sano/saludables” que aparecen en las estanterías de las tiendas, cabe reflexionar antes de cargarlos en el carro y preguntarnos:

¿ Lo necesito para nutrirme?

¿Cuáles son los ingredientes?

¿Por qué me siento atraída/o por este producto?

¿Por cuántas industrias ha pasado y cómo afectan al medio-ambiente?

Al elegir alimentos, se suelen manifestar apegos emocionales que provienen de memorias de lo que se comía en la mesa familiar, en el comedor escolar, procedentes de la gastronomía del lugar en el que nos hemos criado o vivimos. Podemos saciar perfectamente estos antojos con otros alimentos de textura o sabor similar, adaptando nuestros menús a la gastronomía popular. 

También la comodidad y facilidad para cocinarlos es un factor muy importante ya que las obligaciones laborales engullen actualmente mucho del tiempo que antaño se tenía para cocinar. Por ello, la tendencia a comprar comida preparada o pre-cocinada va en aumento, incluso en el sector de los alimentos biológicos y de origen vegetal. Éste es un factor clave a tener en cuenta si queremos preservar nuestra salud. Los alimentos pre-cocinados sean vegetales, biológicos o bendecidos, carecen de vitalidad, de ki o energía vital ya que el hecho de calentarlos no es suficiente para que nos aporten una energía vibracional alta. Los alimentos que nos la proporcionarán siguen siendo los integrales, frescos y recién cocinados con cariño y atención.

El negocio de la soja

La industria de la soja no desperdicia ninguna oportunidad cuando ve que puede obtener algún beneficio. El marketing que existe en torno a los productos de la soja es a la vez oportunista y engañoso. Numerosas marcas emplean mínimas cantidades de soja en sus yogures o leches, exaltando posibles propiedades y beneficios de este ingrediente, e incluso apoyando sus campañas de venta con estudios sobre dichas propiedades, detrás de los cuales está la industria agro-alimentaria y su afán -falto de toda ética- por vender, vender y vender. A menudo estas campañas de “concienciación” sobre los beneficios de la soja se acompañan de la comercialización de nuevos productos derivados de la soja como las salchichas, hamburguesas, cremas para untar, etc, que usurpan el puesto de los alimentos de verdad, es decir sin procesar y frescos, realmente beneficiosos para nuestra salud.

El impacto de estos pseudo-alimentos en la salud de los y las consumidor@s de alimentos naturales y saludables es pésimo ya que numerosas personas vegetarianas y veganas los toman como sustitutos o como alimentos en sí, y en un plazo relativamente corto esto empieza a afectar a su nivel de energía vital, disminuyéndolo y con el transcurso de los años y la insistencia en el consumo de estos derivados de la proteína vegetal, también afectará a su salud. Es paradójico que personas con supuestos ideales ecologistas, naturistas y anti-violentos con los animales, recurran a productos industrializados, procesados y se dañen a sí mismas de esta manera a la vez que perpetúan las memorias de su consumo pasado de carne.

Si una persona decide ser vegana ha de cuidar el aporte de proteínas, y es la combinación de un cereal integral y una legumbre en la misma cocción la que aporta todos los aminoácidos necesarios para el organismo, siendo estos productos, alimentos auténticos de la tierra, totalmente integrales y ancestrales.

Nutrición bioquímica versus nutrición holística

La nutrición como ciencia no debería de utilizarse para valorar lo sanos que son ciertos alimentos en base solo a sus propiedades nutricionales. Sería mejor valorar la conveniencia o inconveniencia de los alimentos según nuestro sentido común y observar cuáles son nuestras tradiciones gastronómicas ancestrales.

A menudo encontramos sentencias como: “Un estudio realizado en la Universidad Complutense de Madrid, recomienda a los padres incluir tres helados por semana en la dieta de sus hijos para evitar la carencia de carbohidratos y nutrientes en sus organismos.” (http://www.lasalud.com.mx/2011/04/25/Nutricion/Helado.C.una/8510.html )

Esto nos permite evaluar que la ciencia nutricional moderna por sí sola no es fiable para hacer elecciones dietéticas saludables. Se ha de ser cauto/a a la hora de basar las elecciones alimenticias. Recurrir a la gastronomía tradicional junto al sentido común y a conocimientos científicos sobre nutrición suele dar resultados más completos y fundamentados.

En la medida de lo posible, emplear en nuestra cocina alimentos ecológicos (o sin pesticidas), integrales, frescos, cultivados en la propia localidad y que no hayan pasado por industrias ni manufacturas, es hoy por hoy, un compromiso que deberíamos de asumir tanto por nuestro propio bien como para el bien del medio-ambiente. Es de vital importancia recuperar el hábito de comprar primero a los productores y de cocinar para una/o misma/o y para la familia. Solo es necesario querer dedicar un tiempo a ello y que esto sea una prioridad en nuestra vida.

© Artículo escrito por Agnès Pérez. Todos los derechos reservados. Lo puedes compartir desde esta web. Si deseas difundirlo en otra web o revista, ponte en contacto conmigo.
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