El secreto de la Salud.

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El secreto de la salud está en los hábitos cotidianos.

El descubrimiento del propio destino y la posibilidad de dirigirlo es el mayor descubrimiento que se puede hacer. Por ejemplo descubrir por uno mismo las causas de nuestras enfermedades y cómo controlarlas cuando aparecen. Es fundamental para el control de nuestro destino el conocer las maneras de actuar, de alimentarnos, de movernos, de respirar, de pensar y de relacionarnos socialmente que nos llevan a la enfermedad, a la violencia y a la miseria.

El descubrimiento de sí mismo está relacionado con la integridad de nuestra existencia y es posible sintetizarlo en la siguiente conclusión: somos el resultado de todo lo que entra por nuestras cinco bocas, en forma de alimento o información. El control de esas cinco bocas es lo que permite el control del propio destino.

Las cinco bocas.

Tenemos cinco bocas a través de las cuales estamos sustentando nuestra existencia transformacional. La calidad y cantidad de estos alimentos es la que determina la condición fisiológica o patológica que está en constante movimiento dentro de nosotros.

Además de ingerir alimentos sólidos y líquidos a través de la boca, por los ojos también está entrando alimento en forma de imágenes, formas, colores, cosa que leemos y que transforman nuestro pensamiento, nuestro entendimiento e incluso afectan nuestra propia fisiología; algo semejante ocurre con los oídos ya que los sonidos y palabras son información; también el aire que respiramos: los olores son todos vibraciones, información, alimento.

Estas vibraciones van determinando nuestro destino. Cuando perdemos el control de ellas, así como la capacidad de seleccionarlas, perdemos la inmunidad y con ello quedamos sujetos a la fatalidad, dependientes del medio externo.

Los procesos fisiológicos de ingestión, asimilación y eliminación son la base del autocontrol, sin un criterio para su utilización, estamos perdiendo nuestra principal estrategia vital.
Visión, olfato, gusto y audición son cuatro bocas que habitualmente reconocemos. ¿Entonces cuál es nuestra quinta boca? Pasa desapercibida, pero la quinta boca es el ombligo. Podemos considerarla como la boca principal, originalmente la más importante, pues durante el proceso fisiológico de crecimiento embrionario se decide más del 50% de nuestras características.

Estas son las bases de la determinación de nuestro destino; es por eso que la boca umbilical es la de mayor importancia ya que ella marca el carácter de la persona, carácter que lo acompañará durante toda la vida. Por esto la educación prenatal es fundamental; esto nos muestra la gran responsabilidad que está depositada en la mujer. Esa boca original que es el ombligo, a través de la que determinamos nuestra formación, marca nuestro destino, pero es susceptible de ser controlada a través de la educación prenatal que depende de la actividad, nutrición y mentalidad de la madre.

Transformar hábitos.

La base de cualquier proceso educativo, en cualquier fase de la vida, es la formación y transformación de los hábitos cotidianos. Quien tiene control de sus hábitos físicos, emocionales y mentales posee la palanca más potente que le permite dar una respuesta integral a sus problemas transformando por ejemplo la enfermedad en salud, la tristeza en alegría y la duda en decisión. De este modo el ejercicio cotidiano de nuestros hábitos se constituye en un secreto práctico de supervivencia.

“Al que madruga dios le ayuda”, muestra ese sentido “divino” de los hábitos, eco de la necesidad de comenzar el día estratégicamente, aprovechando la primera actividad: el despertarse. Este es un ejercicio fundamental y quien no lo practica diariamente, ya pierde toda su estrategia cotidiana. El entrenamiento efectivo de una estrategia para la supervivencia está en la ejecución constante del autocontrol, comenzando con la realización de los hábitos sencillos como el despertarse temprano. Inicialmente se puede sentir dificultad pero una vez que se adquiere ritmo esta dificultad es superada y luego, por el contrario, cuando el despertar no se da temprano se siente inclusive un malestar.

Ya que somos existencias habituales, lo más importante son los hábitos fisiológicos, hábitos de supervivencia. Valga la redundancia, un hábito de supervivencia es la necesidad de observar si nuestros hábitos están siendo más fisiológicos o más patológicos, proporcionalmente basados más en la necesidad o en el deseo, por ejemplo, quien tiene hábitos más deseosos tiene la tendencia a atrasar todo, y está siempre reclamando que no tiene tiempo.

En cambio, quien se levanta temprano (que es un hábito fisiológico) tiene tiempo suficiente para realizar lo que necesita. Además, si observamos, las cosas necesarias son pocas, comparadas con las cosas deseosas y generalmente, quien tiene tiempo de sobra lo desperdicia y está siempre atrasado.

El tiempo fisiológicamente utilizado es abundante y gratuito. Le falta tiempo a quien lo utiliza patológicamente debido al desperdicio. La inutilización del tiempo y del espacio es la inutilización de la propia vitalidad y también el desaprovechamiento de las propias condiciones más ocultas y potentes; es también caer en relaciones más aparentes y deseosas.

En general se imagina que es dios o el dinero quién determina el destino humano. En realidad eso no es así. Quien dirige nuestro destino son nuestros hábitos. Quien consigue controlarse estimulando más su lado oculto, principal, necesario, ni siquiera requiere de dinero. El fortalecimiento de los hábitos necesarios es gratuito. Quien gasta dinero innecesariamente en cosas deseosas, pierde fácilmente el control y cae en una tendencia patológica. El ejercicio fundamental para el control gratuito de los hábitos está apoyado sobre el gasto mínimo de dinero que nos permita realizar las mayores necesidades.

Podemos concluir, entonces, que los hábitos determinan nuestro destino, sea éste un destino más fisiológico o más patológico, más divino o más diabólico, más regenerativo o más degenerativo.

Lo principal/ Lo secundario.

• Nuestra forma de comer / La selección de la comida
• El sujeto. Lo interior / El objeto. Lo exterior
• El hambre y la sed / El apetito y el horario
• Moderar la cantidad / Escoger la calidad
• El instinto  / La mente
• La satisfacción íntegra del organismo/ El agrado parcial de la boca
• La necesidad/ El deseo
• Lo diario, familiar la intimidad/ Lo esporádico, social, apariencia
• Función/ Forma
• El silencio/ El dialogo
• La simplicidad, el orden/ Lo festivo, el desorden
• Bienestar permanente/ Malestar ocasional
• La serenidad, disponibilidad/ La agitación y el apuro
• Ser humano vegetariano/ Ser humano omnívoro

Fuente: SUPERVIVENCIA PRÁCTICA Tomio Kikuchi.  Ed. Musso Publicaçoes. Traducción: Agnès Pérez.

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